Archive for the ‘De Cosas Piores’ Category

La última y nos vamos!

January 25, 2010

Por causas de fuerza mayor he decidido cerrar el changarro. Ya no escribo porque ya no tengo tiempo, así de sencillo. La vida me ha llevado por un camino distinto ahora. Sin embargo, no me quiero ir sin antes poner la publicación de despedida.

Sigo en el Abierto poniendo videos e imágenes, escribiendo cualquier cosa que como ya saben no es personal. Es de lo absurdo de la vida y lo necio e incongruentes que somos los humanos; a veces pienso que yo más.

No esperen que ésta sea una publicación sentimental. Mi Blogcito me dejó mucho aprendizaje pero es tiempo de oler otras rosas, caminar otros caminos, escribir otros poemas, ponerle de otra salsa a mis tacos.

Ahora empiezo un nuevo proyecto de vida -real y no virtual- (nada tiene que ver con el inicio de año y los propositos que yo no hago). Tiene que ver con esta etapa en la que me encuentro en la que  se bifurcan veredas y nos hace tomar decisiones. Creo que todos nos hemos visto en ese punto alguna vez. Esta no es la primera vez que me pasa. La primera ocasión que viene a mi mente de manera marcada fue el día que cambié mis muñecas mi camioncito por un fusil. Después  fue aquel día que pasé de niño a hombre poco antes de cumplir la mayoría de edad, cuando dejé el hogar paterno para continuar mis estudios. Después fue que dejé mis estudios para convertirme en un esclavo asalariado de mi escritorio. Y lo último que me hizo reflexionar fue cuando no podía decidir si leche entera o la del 2%, integral o blanco, pachoncito o doble hoja. Como ven, urgía un cambio.

Este año he decidido buscar la independencia de mi mismo, del “yo” ciclado, conforme, comodo y taciturno, y ya es tiempo de que haga las cosas que me permitirán ser libre. Dejar mi blog es una de ellas.

No me deseen suerte que me sentiría muy mediocre. Mejor deséenme buen tiempo para el largo camino, cervezas a la mano, y un amigo que aguante las burlas.

No me despido, como dije, sigo en el Abierto y allá son bienvenidos el día que sea.

Sin más ni más, queda de ustedes, su amigo, KillerPollito

P.D. Los dejo con una de las última de las verdades universales que me llevaron incialmente a escribir este blog y que a la letra dice: 

“No importa que tanto se estudie, se prepare y se entrene en la vida, realmente nunca nadie aprende a limpiarse el culo”.
KillerPollito (Filosofo y Taquero Mexicano, nacido a finales del S. XX – a la fecha dicen que sigue vivo).

Memorias de un Asesino – 6a Parte

June 12, 2009

Debo pedirles que perdonen mi ausencia del blog, pero estas últimas semanas he tenido mucho trabajo que me impidió seguirle con la saga. Sin más excusas, aquí andamos ya otra vez para continuar con la novela en línea preferida por todas las chachas y amas de casa que le saben al interne’.

6a Parte. Encontrando el Paraíso.

Nos habíamos quedado en que ya estabamos en el puerto, recién llegados, cansados, ponchados pero igualmente emocionados y emebelecidos por la infinidad de aquel mar (también veníamos enronchados porque, ah como estan bravos los mosquitos en Durango).

Nuestro siguiente paso, después de arreglar la llanta del vocho, fue conseguir hospedaje… cosa que no fue fácil (¿a poco creen que llevabamos reservaciones… o dinero?) Nosotros ibamos al ingue su… a la aventura. Y por consecuencia de la temporada alta y nuestro presupuesto de estudiantes, terminamos en la posada de Don Pelayo. Ampliamente recomendada por el hermano mayor del Pato que un año atrás la había visitado para hospedarse con sus amigos. “Es una ganga”, según nos dijo.

Pintoresco lugar debo decir, y con una fachada engañosa, sin acceso al mar pero sobre el malecón y área más concurrida por los turistas por estar cerca de los bares y los antros de más renombre. Pagamos la primera noche y nos dieron nuestra llave del cuarto. Después habría tiempo de buscar un lugar más decente con playa, pensamos, ahora solo queríamos descansar. Nos dirigimos al cuarto y abrimos la puerta (al menos tenía cerradura). El alboroto de los cuatro se apagó abruptamente por la escena. Todos nos quedamos callados al ver aquel lugar tan… precario, sucio y descuidado. La televisión tenía como antena un gancho de ropa, las cajoneras no tenían cajones, y tras la cortina de vinil de la regadera se apreciaban algunas cucarachas que al parecer habían muerto desde que Don Pelayo había terminado de construir el hotel.

El Pato, con el afán de levantarnos la moral dijo -Pues no está tan mal… al menos tiene buenas camas-, y brincó para dejarse caer de espalda sobre una de las dos camas que había en el cuarto. La caída fue seca y sin rebote. La base de la cama era de concreto y el Pato se llevó un tremendo golpazo que lo dejó sin sensibilidad en la cadera y en las piernas por unas horas. Ese fue motivo suficiente para regresar a recepción (arrastrando al pato de los brazos) a pedir un reembolso. Terminamos perdiendo el depósito, ya que se opusieron a regresarlo, porque argumentaba la recepcionista, una mujer gorda y renegrida por el sol,  que una de las camas había sido destendida. Sin querer discutir más y dando por perdido nuestro depósito, salimos frustrados de aquel lugar en busca de un hotel mejor.

Recorrimos todos los hoteles del malecón sin suerte. Todo estaba hasta el tope.

Cuando habíamos perdido la esperanza de encontrar alojamiento, por fin, en un hotel de más o menos decente categoría, pero de igual forma sin acceso directo al mar, nos informaban, después de mucho rogar y esperar, que era probable que esa misma tarde se desocupara una habitación. Pero con la novedad de que la habitación no contaba con aire acondicionado, solo abanicos de techo. El hotel además contaba con una diminuta alberca atestada de niños miones y gritones. El hotel era en mucho, mejor que la posada del diablo, digo de Don Pelayo, pero dejaba mucho que desear. Aunque por las circunstancias en las que nos encotrabamos todo nos pareció de poca importancia. Además que ya para cuando nos informaron del infortunio del aire acondicionado nosotros ya teníamos algunos minutos de haber ingresado al bar del hotel a disfrutar de la llamada hora feliz. Así que ya medio jalaos, resignados y cansados, decidimos aceptar lo que el recepcionista y la buena o mala fortuna nos ofreciera. Aunque fuera más mala que buena.

El cuarto no era tan malo después de todo. Un poco sofocado durante el día, pero una vez que el sol bajaba un poco, los abanicos hacían circular algo de aire que se alcanzaba a colar por la ventana de aquel cuarto localizado en el último piso del hotel. Además que de día poco estaríamos en el cuarto. Y con argumentos parecidos nos consolabamos un poco. Siempre nos quedaba el consuelo comparativo de la posada de Don Pelayo para acabar con nuestras quejas de aquel lugar.

Ya un poco más dispuestos que resignados, tomamos un baño, y descansamos un poco. Después salimos en el vocho en busca de algo que comer. El Balú nos pidió llevarlo a buscar a su novia, cosa a la cual nos opusimos. La novia del Balú se encontraba hospedada con su familia, desde hacía casi una semana, en uno de esos grandes resorts que ofrecen tiempos compartidos. La coincidencia de nuestra estadía con la de la novia del Balú sería solo por dos días más, puesto que ella y su familia estaban por cumplir su tiempo compartido en aquel lugar y su viaje de regreso era próximo. Y el Balú quería por lo menos aprovechar a su novia por esos dos días. Nos mofamos de él como se acostumbra entre compas cuando alguien anda de mandilón, pero terminamos por acceder a llevarlo a buscar a su novia, apesar de que lo que realmente queríamos era comer… y seguir tomando.

Manejamos por algunos minutos alejándonos de la zona hotelera hasta que dimos con el lugar. En el estacionamiento, el guardia de seguridad en la caseta de entrada nos detuvo apenas entramos, preguntándonos por el número de habitación en donde se hospedaba la familia de la novia del Balú, cosa que no sabíamos. Y como no teníamos permiso de estacionamiento, ni reservación ninguna, nos negó el paso en el vehículo. Así que el Balú se apeó y entró caminando a buscar a su novia y regresó unos minutos después con un cartoncillo en la mano. Era un permiso de estacionamiento expedido por el padre de su novia en la recepción para que nos dejaran entrar en el vehículo al estacionamiento del complejo.

Ese mismo permiso y el número de habitación de la familia de la novia del Balú, los utilizaríamos durante el resto de nuestro viaje para hacer uso de las instalaciones de aquel resort, desde el estacionamiento, la playa frente al hotel, el restaurant, el bar (por supuesto), hasta el servicio de toallas para alberca.

Aquel cartoncito nos abrió las puertas al paraíso. De pronto y como por un milagro, habíamos pasado de las instalaciones patito de nuestro hotel de segunda, a instalaciones de lujo. Por un momento y llenos de regocijo y emoción en la panza, el hambre se esfumó de repente. Aquello lo cambiaba todo. La comida podía esperar.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 5a Parte

May 12, 2009

5a Parte. Empieza la Odisea.

Déjenme rápidamente les hago una descripción del super vochornoso en el que nos disponiamos a partir rumbo a la playa:

Era un vocho azul marino modelo 1990 (que en realidad no hace ninguna diferencia conocer el modelo, porque los vochos no cambiaron nunca). El vocho tenía los vidrios polarizados estilo narcovehículo , es decir que ni yo mismo veía nada estando adentro del vocho, entonces manejaba con la cabeza afuera de la ventana para poder ver por donde iba. El velocímetro tenía la particularidad de quedarse “pegado” y daba una falsa lectura. Según alguien me había explicado que el cable que conectaba el velocímetro con el engrane que gira junto con el cable y que hace el movimiento y conversión para marcar la velocidad en el tablero, podría estar dañado haciendo que éste marcara una velocidad superior a la que en realidad iba el vehículo. Así que si yo iba a cierta velocidad, el velocímetro marcaba unos veinte o treinta kilometros más. Estoy seguro que el vocho no corría a más de 120-130 km/h con el acelerador a fondo, pero el velocímetro automáticamente lo convertía en el vocho más rápido de la historia, registrando velocidades superiores a los 160 km/h…. con cuatro pasajeros…  y de subida.

Estas carácteristicas aunadas al hecho de que manejabamos de noche, al ruido cercano del motor (él o la que ha tenido o tiene vocho sabe a que me refiero, el motor del vocho literalmente lo oyes atrasito de tu oído… y fuerte), y al hecho también de que no veiamos nada hacia afuera, daba la impresión, al menos a mis pasajeros, de ir a exceso de velocidad. Yo ya estaba muy acostumbrado a ello. Para los demás en cambio parecía ser algo muy notorio, aunque en realidad el vocho no iba a más de 110 km/h, ni el Pato, ni el Balú, ni el Champi, sabían del desperfecto en el velócimetro, y yo no iba a desprestigiar a mi vocho, así que todo el tiempo los dejé creer que el vocho era literalmente un bólido. Había cierta tensión y nerviosismo al respecto y en más de una ocasión me recomendaron manejar con moderación en mi velocidad. Yo con un mohín de malicia en el rostro, hacía caso omiso.

El viaje transcurría sin mayores problemas. Bueno con los problemas más básicos y conocidos que cualquier viaje pueda tener, pero sobre todo con la limitación del espacio interior y la incomodidad de los asientos que son característicos de los vochos. Alguna vez alguien aplicó la clásica treta de decir que “huele a pan caliente”, y eso me llevó a olfatear profundamente un pedo mientras me encontraba en busca del delicioso y conocido olor del pan recien horneado en el ambiente, como cuando se pasa cerca de una panadería.  Ya para cuando me di cuenta del engaño, me había fumado la mitad del pedo al menos, y entonces el culpable (que fue el Champi) soltó una sonora carcajada al haber hecho caer a sus inocentes víctimas bajo el efecto y estigma de su espantoso crimen… y de todos los crímenes que cometió durante el viaje, que fueron muchos.

Fuera de esos inconvenientes de viaje, no hubo mayores retrasos aunque el recuerdo del olor a pan caliente nunca volvió a ser el mismo. Hicimos las acostumbradas paradas técnicas y a diferencia de los protagonistas de aquellas dos famosas películas mexicanas que en ese entonces todavía ni siquiera eran pensadas, nosotros decidimos pagar casetas y viajar por carretera de cuota. La aventura sería, como contaremos más adelante, de la misma intensidad, pero sin urna de cenizas del abuelo…  y sin besos, claro… al menos no entre nosotros.

Al amanecer decidí pasarle el volante al Balú quién era el que mejor había descansado hasta el momento. La sinusitis de la que sufría le permitió permanecer insensible a los castigos recurrentes del Champi mientras dormía, y aunque en varias ocasiones el Balú sintió la cavidades nasales destapadas debido a lo corrosivo del ambiente, nunca llegó realmente a sufrir los efectos del denso aire al que eramos sometidos de vez en vez por el Champi (al Pato y a mi, hasta nos lloraban los ojitos). Poco antes de pedir clemencia al cielo y de creer que el Champi se descomponía en vida, vislumbramos la hermosa ciudad de Mazatlán. El clima serrano de Durango había quedado atrás, junto con su peligrosa carretera que cruza zigzagueante las montañas hacia el mar, y el calor húmedo de la playa se dejaba sentir. La sal llenaba el aire, la piel y los labios, y nos encontrabamos agradecidos de haber llegado a nuestro destino sanos y salvos. No hubo mayores complicaciones. Solo una llanta, que se ponchó cuando entramos a la ciudad. Fuera de eso el vocho no sufrío ninguna otra falla. Debo decir, que el vocho se portó como los grandes.

Paramos rápidamente en el primer desponchado que encontramos, que estaba cerca del malecón, y mientras desponchaban la llanta corrimos emocionados a ver como las olas rompían cerca de la pared de concreto y piedra que se erguía frente a la playa. Cansados pero evidentemente embelesados por aquel sentimiento de plena satisfacción que da lo infinito, nos paramos uno al lado del otro a observar en silencio la imponencia del mar del Pácifico mexicano, mientras el sol de la mañana se levantaba en el horizonte.

Todavía teniamos que ir a encontrar un hotel, a instalarnos y a descansar, pero esos detalles tan pequeños, después de un viaje tan largo, pierden importancia. Habíamos llegado. Eso era lo que importaba.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 4a Parte

May 5, 2009

4a parte. El Viaje.

Historias como la aventura del menudo eran cosa de todos los días, así, un poco más o un poco menos complicadas, pero todas parecían sacadas de un programa de comedia de situación. Afortunadamente, para mi (hígado), las circunstancias se tornaron cada vez más normales. Se acercaba el final del verano y las cosas volvían a su cotidianeidad de antes. Nos disponíamos a rentar un nuevo departamento (lo más lejos posible del Jumanji y sus cohabitantes) y sin ser más de los que eramos inicialmente, mi ex novia me buscaba arrepentida y quería regresar conmigo (yo no), el trabajo estaba a punto de terminar por el verano, mis encuentros con la gringuita habían llegado a su final con su retorno a la ciudad donde estudiaba, en fin. La vida parecía retomar su curso, y yo hacía lo mismo.

Las últimas dos semanas que quedaban previo al regreso a clases decidí no trabajarlas. Opté por recoger mis pertenencias del Jumanji y abandonar el departamento antes de perder la poca sanidad mental que me quedaba. El Pato y yo, en un momento de liberación tiramos sillas, sillones y lo que habia quedado inservible (o sea todos los muebles del depa) y los fuimos a arrojar al contenedor de la basura. Fue una buena terapia. Nada en aquel departamento parecía tener vida útil después los tres meses de “sana” convivencia de la perrada en el Jumanji. La alfombra fue irrescatable. Aquello parecía zona de guerra el día que salí de ahí. Pero nada importaba. Me sentí liberado de dejar aquel lugar. Con maleta lista y mi mirada puesta en la lontananza de aquella frontera, encendí el motor de mi bocho, prendí un cigarro, me despedí del Pato, y partí mientras miraba de vez en vez por el espejo retrovisor sobre mi frente como aquel lugar se hacía cada vez mas pequeño conforme me alejaba con destino a mi terruño, a 4 horas de camino.

Ya estando en mi terruño termine por sanar los traumas, sufrimientos y privaciones de aquellos tres meses. Dormía hasta tarde, comía lo que quería y me dejaba consentir por la gallina y por mi familia a los que no había visto en mucho tiempo. Las noches en las que las pesadillas del Jumanji me despertaban entre sollozos parecían cosa del pasado. Me dediqué a retomar la normalidad de mi vida, a descansar y a reponer las fuerzas para poder regresar a clases lo más posiblemente recuperado, desintoxicado y con la apariencia al menos de ser una persona normal. Todo pasaba con tranquilidad.

Hasta que un día sonó el teléfono en la casa. La gallina contestó y me comunicó. ¿Es para mi? -pregunté incrédulo cuando me pasó el aparato de teléfono-. Si nadie sabe que estoy aquí… ¿Si? ¿Quién habla? -pregunté-. Soy yo guey -de inmediato reconocí la voz del Pato-. ¿Que planes tienes para esta semana?, -me preguntó sin más formalismos-. Pues… nada en realidad -contesté con tono de desconfianza-. ¡¡Vamonos a Mazatlán!! -me dijo el Pato emocionado-,  ya tenemos en que irnos, además ya nos pagaron, así que por lana no paramos, dividimos gastos. Estamos saliendo del Jumanji, y vamos para allá, pasamos por ti, alístate que en cuanto lleguemos emprendemos el viaje, -me dijo sin darme opción a contestar con una negativa-. Pe..pe…pero… ¿quienes vamos? ¿y en que vamos? -le pregunté titubeando-. Aquí están conmigo el Balú y el Champi, e iriamos nosotros cuatro en el carro de la mamá del Champi. El carro está allá en la casa de la mamá, solo tenemos que pasar por él (El Champi y el Balú eran otros dos amigos míos que solían visitar el Jumanji y con los cuales había empezado una amistad poco antes de comenzar el verano por que trabajábamos y estudiabamos juntos en la universidad. Además que el Champi y el Pato eran primos hermanos, y aunque sin conocerlos previamente, todos eramos originarios de la misma ciudad y estudiantes foráneos en la uni).

Unas horas más tarde vuelve a llamarme el Pato, solo que esta ocasión ya no se oía emocionado. Al Champi no le habían prestado el carro de su mamá. Si queriamos ir, tendría que ser en camión puesto que no había otro medio disponible (a nuestras posibilidades) y un viaje de 12 horas en auto se vuelve de 18 o 20 en autobus (esos viajes son mortales). Un poco desilusionado le platico a mi madre que ya probablemente no ibamos a la playa, entonces ella con una enorme tranquilidad en su voz, como para mostrarme lo lógico y obvio de la solución, me dice “¿Y porque no se llevan tu bocho?”. Mis ojos se iluminaron de nueva cuenta y llamé al Pato para plantearle el plan. Yo nunca había manejado tan lejos y nunca pensé que me dieran permiso, pero ya tenía luz verde de la gallina. No se dijo más, el punto de reunión era mi casa dos horas más tarde y de ahí saldriamos con destino a la playa en mi bocho. Me preparaba mentalmente aquella tarde para manejar toda la noche hasta Mazatlán.

Mi duda siempre fué: ¿Sería posible llegar (sanos, salvos y en una sola pieza) en el super bocho? Eso lo ibamos a averiguar.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 3a Parte

April 8, 2009

¿ En que ibamos? Ah si… las conquistas.

3a Parte. El Billete de la Suerte.

Antes (o después) de la gringuita tuve otros intentos de conquista, pero de momento no recuerdo con detalle porque no estaba yo completamente consciente de los hechos cuando ocurrieron, o al menos no completamente sobrio. Lo que si recuerdo de forma clara es que, una vez el Pato y yo (el Pato era mi roommate desde hacia un año y vivíamos juntos en el Jumanji), andabamos en la disco de galanes con unas polluelas con las que habíamos bailado toda la noche (15 mins) y decidimos dar el siguiente paso: invitarlas a cenar después del antro.

A esas horas de la madrugada lo único que podíamos cenar eran hot-dogs o menudo, y como nosotros queríamos quedar bien, las llevamos al menudo, porque los dogos no eran de mucha categoría (una menudería si lo era). En fin, el Pato confiado en mi respaldo y solvencia económica, pidió plato extra-grande con harta cebolla. Yo que siempre he sido de muy buen diente, le hice segunda, y “nuestras” chicas (como todas las mujeres cuando las acaba uno de conocer) se hicieron de boca pequeña y pidieron el plato chico cada una. Todos pedimos la respectiva coca-cola en botella de vidrio. La mesera tomó la orden y llevó la comanda a la cocina. Mientras tanto el Pato y yo nos disculpamos para pasar al tocador de niños… (perdón), quise decir al baño de los hombres. Justo después de cerrar la puerta se escuchó la siguiente conversación:

Pato: (en tono nervioso) ¿Tú traes lana verdad?
Yo: (en tono más nervioso) ¡No mames! ¿tú no traes?
P: Ni un quinto cabrón.
Yo: ¡Noooo güey!… jajajaja <==== (risa nerviosísima) ¿Qué vamos a hacer?
P: ¿Y si nos pelamos?
Yo: ¿Y cómo? ¿Por dónde? (en ese instante volteámos al mismo tiempo a ver la ventana del baño y le sacamos medidas mentales al marco. Yo si cabía, el Pato que siempre fue cachetón, no).
P: A ver güey, rascate las bolsas. Saca todo lo que traigas…. ¿Qué es eso?
Yo: Pues, es mi billete de 2 dólares de la buena suerte pero no lo voy a usar, es más nunca lo saco de mi cartera, estos billetes ya no los hacen, gordo. Prefiero pelarme.
P: Ponlo guey. Yo te consigo otro, te lo regalo. Tengo muchos.
Yo: (Ingénuamente) ¿En serio? ¿Tú me lo repones?
P: Si, si güey, neta. Yo lo repongo. ¿Qué más traes?
Yo: Pues el billete y unas monedas. Son como 20 pesos. ¿Tú cuánto traes?
P: Nada guey ando seco pero en el cenicero del carro traigo al menos otros 20 pesos. Déjame voy por ellos.
Yo: ¡¡¡Ah que huevos!!! Lo que tú quieres es dejarme. (En tono de súplica) No me dejes gordito (snif), no seas cabrón.
P: ¿Cómo te voy a dejar? No no, regreso de volada.
Yo: Júrame, júrame cabrón que vas a regresar. A ver a ver que yo te vea.
P: No mames, neta, ¿cómo me crees capaz de dejarte? No no, voy al carro y vengo. Te lo juro.
Yo: (Combo de tono, dedo y mirada amenazantes) Ay de ti gordo si me dejas.

Salimos del baño, y los platos de menudo ya estaban en la mesa. Le hice señas con las cejas al Pato esperando que se acordara de su juramento mientras se dirigía a la salida. Asi lo vi caminar tras la puerta de cristal que daba a ese oscuro y húmedo estacionamiento (en realidad el estacionamiento estaba iluminado y seco, pero dadas las circunstancias a mi todo me parecía lugubre). Me senté y traté de disimular lo más que pude nuestra situación. “¡Como se tardaron!” – comentó una de ellas-, “¿Y tu amigo a dónde fue?”, – dijo la otra. Ah! -le digo-, fue a traer… traer… buscar… algo al carro, pero en un momento regresa.

Confieso que el menudo me dejo de saber a vinagre cuando vi reaparecer al Pato en la entrada de la menudería. Su bolsa derecha del panatalon estaba abultada y hacía sonidos metálico a cada paso que daba como maraca. El Pato había metido en su bolsillo todas las monedas que encontró en su cenicero del carro. Se sentó y sin decir nada empezó a cucharear su plato de menudo. El Pato sudaba a chorros, por los nervios, yo no lo hacía menos. Y nuestro semblante seguía reflejando el nerviosismo causado por la situación en la que estabamos. Ellas vieron nuestro sufrimiento, pero no se imaginaban lo que pasaba. “Está picoso, ¿verdad?” Nos dijo una de ellas refiriendose al menudo al ver nuestros rostros enrojecidos. Nos limitamos a contestar: “Si, muy muuuuuuy picoso”.

Pedimos la cuenta y nos resignamos a lo que viniera como el condenado a morir fusilado se resigna mientras avanza al paredón, sabiendo que ya no hay salida. La mesera regresó, pusó la cuenta sobre la mesa y nos dijo, “Son $85 pesos”. Saqué mi billete de la suerte de 2 dólares y me despedí con pesar de él.  Puse el resto de mis monedas sobre el billete y volteé a ver al Pato mientras sacaba la morralla de la bolsa del pantalón y comenzó a pasar, peso por peso, las monedas de una mano a otra mientras contaba en voz alta. Cuando el Pato llegó a los $75 pesos, después de haber incluído mi parte y hasta el último centavo de lo que traía en su bolsillo, además de un tornillo enmohecido y un fusible automotriz de 10 amperes, la mesera entendió la situación (que supongo no era la primera vez que la veía), se compadeció de nosotros y dijo con una sonrisa dibujada en su boca:  “Así está bien, me la deben para la próxima muchachos”.

No me dolía más haber perdido mi billete de la suerte, había cumplido su propósito.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 2a Parte

April 7, 2009

¿Donde me quedé? Ah si es verdad…. la suerte estaba echada.

2a Parte. Días Perdidos.

Pues el verano transcurría sin novedades, aparentemente. Me despertaba temprano, me acostaba tarde. Trabajaba como un burro, pero no lo sentía. Ya lo dije, era yo un mozalbete de 18 añitos. A esa edad uno aguanta muchas cosas, dormir poco, comer poco y beber mucho, y al día siguiente otra vez levantarse temprano con una cruda mortal, para ir a trabajar jornadas largas y cansadas. Pero el mundo es tuyo a los 18 años. Lo demás no importa.

Tenía yo en aquel entonces, o por lo menos hasta ese semestre previo al verano, un noviazgo de 6 meses. Que sin mayores detalles les cuento que llegó a su fin  justo antes de iniciar mi aventura en el Jumanji (no por mi culpa aclaro) y por lo cual agradecí, de tener ningún tipo de compromisos sentimentales, para poder darle vuelo a la hilacha, que principalmente era salir con mis amigos a algun bar o disco (increible pero en aquel entonces todavía había discos) y agarrar la jarra agusto sin la preocuación de tener que checar tarjeta con la honey. La parte de “agarrar la jarra” no nos costaba trabajo por que por vivir en frontera no solo había bares/antros/discos al por mayor, si no que no cerraban, o sea literalmente, en aquel entonces, y debo decir que me siento más afortunado que viejo, los antros repito, ¡NO CERRABAN! Así como lo leen. Quiero que imaginen eso por un momento: un chamaco de 18 años, con vehículo propio, lana y además soltero en un antro abierto las 24 horas.  Bien pudo ser mi perdición….quiero decir, fué mi perdición.

Los sábados era el día oficial de “perderse”. Y lo tomabamos tan en serio que por lo regular no regresabamos todos los que llegabamos originalmente al antro. No era poco común llegar al antro y perder a tu gente poco después de haber llegado, y después encontrarte con camaradas que te podían llevar de regreso a tu depa, así que por lo mismo, con mucha frecuencia yo no regresaba al Jumanji con aquellos que habían ido en un principio en mi bocho, y de alguna manera tenía la seguridad que ya los encontraría ahí en el depa al llegar, o que llegarían más tarde (o muy temprano quiero decir).  Si yo me traía en mi carro al perdido de alguien más, no me preocupaba por los que se me perdían a mi. De alguna manera todos encontramos siempre el camino de regreso (increible pero cierto, y ni yo mismo le encuentro explicación lógica bajo las circunstancias y estado de gravedad etílica en el que nos poníamos).

La cosa es que agarrabamos la jarra y el jolgorio, pero en serio. En aquel entonces estaban de moda los antros-rodeo. La música de Intocable y Limite era la novedad y hasta el más fresa tenía su par de botas vaqueras. Y lo mejor de todo es que el rodeo estaba a distancia caminable de la disco que solíamos visitar y que había sido el lugar de moda los último años. Si te aburrias en la disco (cosa rara) o simplemente querías cambiar de ambiente, te ibas al rodeo, o viceversa.

En el rodeo fue donde conocí a una gringuita que por una extraña razón le gustaba la música mexicana. La chicuela estaba parada junto a la barra cuando la vi, y no parecía gringa en la oscuridad de aquel lugar, a mi solo me pareció muy bonita para estar sola. Así que ni tardo ni perezoso y con Tecate en mano, me lancé tras sus huesitos (muy bien formaditos) y cual fue mi sorpresa que la chica no sabía bailar corridas, y tampoco sabía español. Yo no hablaba el inglés suficiente para mantener una conversación fluida pero hicimos uso del idioma universal del amor y nos hablamos a besitos. Ella fue mi amor de verano por los siguientes fines de semana posterior al día que la conocí y como no teníamos de que hablar ni como entablar una relacion más formal, nos citabamos todos los sábados por la noche para vernos (sin hablarnos) donde nos habíamos conocido, ahí mismo en el rodeo. Después de ese verano, nunca más volvería a saber de ella.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 1era Parte

April 2, 2009

Este fin de semana pasado, al regresar de mi terruño me acordé de como me gané el mote del Killer cuando había entrado a la universidad.

Jumanji, el inicio.

Apenas tenia 18 años cuando terminaba de cursas mi primer año de educación “superior”. Era la primer temporada de vacaciones grandes que pasaba completamente fuera de la que fue mi casa en mi niñez y adolescencia. Bueno en realidad ya había vivido fuera todo ese primer año y mis retornos a mi tierra (a la casa de mis padres) lo hacía tan seguido como la escuela y/o el trabajo lo permitieran (algo así como cada 15 días). Solo que al llegar la temporada de vacaciones decidí quedarme a trabajar para ahorrar para la colegiatura del siguiente semestre, en lugar de volver a la casa de mis padres hasta que reiniciaran las clases, como hacían muchos. Yo no tenía esa suerte. En mi caso era necesario que trabajara si quería seguir cursando la universidad el siguiente semestre…y el siguiente, y el siguiente.

Ese verano por mucho, ha sido uno de los mas memorables de mi vida. Joven e inexperto, pero audaz y temerario, con vehículo propio (un bocho azul modelo 1990) y dinero en la bolsa, lo tenía todo. El verano se me fue por mucho en jornadas de trabajo larguísimas, a veces de 18 horas en un día, que básicamente era lo que yo quería y pedía (y entre más horas pusieran en mi horario de trabajo para la semana, mejor), digo por algo había decidido quedarme a trabajar durante el verano. Además de alguna manera me daba la tranquilidad de poder ahorrar lo suficiente y sobrevivir al siguiente año; y aunque quedara el adeudo semestral al inicio del siguiente verano, tendría otra vez otros tres meses para trabajar y pagar.

El problema de alguna manera era que mi condición de estudiante extranjero limitaba el número de horas pagadas en un solo cheque, así que tuve que renunciar a mis viajes de cada 15 días a mi ciudad natal para ahorrar en gastos y abonar a la escuela lo más que se pudiera, antes de que llegaran las inscripciones para el siguiente semestre. Ya habría tiempo al final de las vacaciones de ver a mi familia al menos un fin de semana previo a comenzar las clases, y de recuperar durante el semestre lo que no me alcanzaran a pagar en los cheques del verano por aquella limitante que menciono.

El tiempo de las tardes libres de verano en las que no trabajaba o salía temprano, lo dedicaba a carnes asadas, a fiestas y a beber cerveza barata con los amigos, que como yo, iniciaban su vida fuera de casa. Con la diferencia de que muchos de ellos trabajaban para pagarse sus borracheras gustos y no para pagar la escuela. Decidimos (para ahorrar en gastos), dejar al inicio de las vacaciones el departamento que compartía con otros 3, y juntarnos con los miembros de otros departamentos que se vaciaban en verano. Ésto debido a la ausencia de estudiantes foráneos que viajaban de regreso a su tierra por la temporada de vacaciones, y quienes se daban el lujo de seguir pagando renta mientras duraba su ausencia.

Y así fue como “armamos” un departamento de verano con las piezas-miembros de varios depas incompletos. La pura crema y nata. Sobra decir que por tres meses desconocí totalmente lo que era la privacidad, (hasta para echar una caquita), y enfatizo mi experiencia comentándoles que a ese depa lo llamamos “Jumanji”, (hasta la fecha la palabra me dan los mismos escalofríos que le daban a Robín Williams al escuchar la voz del cazador en la película del mismo nombre).

Aunque si es una delicia recordar la desorganización organizada que teníamos hasta para usar el baño, bajo el estratagema universal de la ventaja que dá correr/brincar/empujar más. Salir del depa no era un problema si no una bendición, y entrar tampoco (al menos cruzar la puerta no era problema, si no engentarse al momento de entrar a tu propio hogar) porque solo había una llave, que por cierto yo nunca vi y que pienso fue más como una leyenda urbana, por que en realidad nunca la usamos. No era necesario. El depa siempre estaba abierto y por lo regular había gente en él… algunos que llegaron para no irse además, algo así como paracaidistas del CDP.

Al final fuimos tantos, que el último mes de renta creo que podríamos decir que lo que pagamos cada quien, fue una cantidad simbólica.  La única vez que requerimos de la llave, alguien encontró la manera de entrar por una ventana. Y a partir de ese momento nos cayó la maldición de “Jumanji”. Y fue como haber iniciado por tirar los dados sobre el tablero del juego…  Aquel funesto pasaje voló como la polvora encendida en los demás departamentos de nuestros amigos que no tardaron en emplear la misma técnica, y que no conformes con la sobrepoblación ya existente en el depa, se empeñaban en terminar todas las jarras, fiestas y reuniones en el “Jumanji”. Eran como los animales en el juego. Salían de la nada intepestivamente.

Así empezaba el juego que no terminaría hasta que el último de nosotros que entró a ese depa recorriera todas las casillas del tablero, esperando que al final del verano todo se desvaneciera como el polvo, y se quedara guardado y perdido en el baúl de los recuerdos de aquellos, que por azares del destino, llegaron a ese depa. Nadie sabía que al momento de abrir la ventana el día que desapareció la única llave, la suerte ya estaba echada.

Continúa.

Publicación de Aniversario

February 24, 2009

El día 8 de Febrero del presente, este blogcito cumplió un año. Y le tengo preparada la siguiente carta-platicada de felicitación, además de traerle pastel y mariachi. (El pastel en realidad es un cartón de cerveza y los mariachis son un trío de dos, acordeón y una alternancia entre tololoche y guitarrón dependiendo de la rola solicitada. Si, es todo un show).

Mi Muy Estimado Blogcito: (Música de fondo del trío de dos, y cerveza en mano a punto padrino de quinceañera).

No vayas a creer mi querido blogcito que se me olvidó festejarte. Lo que pasa es que como comprenderás andaba yo muy ocupado atendiendo y mimando a la abuela gallina que como ya sabes se nos puso malita. Y nunca tuve en realidad tiempo y ánimos como para fiestas. Creo que tu andabas igual de nostálgico y triste estos días también. Aparte que ahora hay mejor tiempo para hacer fiesta.

¡Ya un año! Parece que fue ayer y a la vez parece que fue hace mil años. Yo no sé tu, pero yo me siento diferente a hace un año. Un poco más viejo, un poco más sabio, un poco más gordo y un poco más vivo aunque con menos vida, irónico.  

Tu también has madurado conmigo blogcito. O ya se te olvidó que serio eras al principio. Reservado y tímido en las letras. Fuiste perdiendo rigidez. Además eras así, así de pequeñito. Y como las orugas dejaste el capullo para convertirte en una hermosa y sarcástica mentada de madre a nuestros políticos y gobernantes, en una burla a la ignorancia, y en una mueca despectiva a la estupidez humana.

Ah como has crecido. Ahora te veo y apenas si te puedo estrechar entre mis brazos. Ya te reventaste tus primeras espinillitas, ya tienes peleas en el coliseo y has dejado, por ese pelo en la barbilla, de ser un imberbe blogcito.

Es hora de que hablemos seriamente otra vez. Aunque sea por un momento. Si, si, dejame que te lo explique todo. Ese sentimiento incontenible es normal. Las casitas de campaña también. Estas pasando por un cambio abrupto. Y temo ser yo quien te lo diga, pero ya no eres más un blogcito. Aunque para mi siempre serás mi blogcito.

Ahora, tendrás que comportarte de acuerdo a lo exigido. Los errores de aquí en adelante se pagan muy caros. Y recuerda que tus lectores, tus verdaderos lectores son los que llegan y no te dejan, como muchos hasta ahora, ni siquiera en las malas se van. Se agradecido con ellos, que por ellos también seguimos aquí después de un año.

Ahora dame un abrazo. Creo que lo has tomado bastante bien. No no, venga, quita esa cara. No más lagrimeos.

Está bien, está bien. Si, yo también te quiero.

Tu Creador,

KillerPollito

De Internet

January 26, 2009

Ésta es una de esas actualizaciones que me aviento regularmente para explicar como ha ido cambiando mi blog y de las empioras que le voy haciendo cada vez que se me ocurre algo.

Desde hace mucho tiempo (desde aquella vez que andaba con lo de la sección de libros que nunca saqué) he pensado que  me gustaría escribir más de mis opiniones personales con respecto a cosas impersonales. Asi que les voy a empezar a poner publicaciones de lo que me encuentro a veces por el internet, que no tiene nada de divertido ni entretenido, pero que de igual forma no nos sirven de nada, más allá de opinar al respecto.

Y no, no voy a empezar a llenar mi blog de videos virales o cosas curiosas de la red. Sin embargo,si voy a compartir con ustedes algunas opiniones ayudado, por decirlo así, de material ya existente, pero que no es material que comunmente se pondría en un blog.

Ésto es más como lo que piensa el KillerPollito del mundo en general y su perspectiva e intereses del mundo que nos rodea pero que percibo, no real, si no virtualmente a través de un monitor.

O sea, y pa’que me entiendan sin cantinflear, voy a empezar a publicar cosas en mi blog de lo que me encuentro en internet pero que ningún otro blog se molesta en publicar y comentar de ello.

Y a ver como nos va.

Así, de esta forma, queda inaugurada la sección “De Internet” en Cosas Piores. Y pues que sea lo que Diosito y el administrador de este blog (o sea yo) quieran.

Preguntas Universales

January 14, 2009

¿Han visto la luna estos días?… ¿y Venus? Uno se pregunta tantas cosas bajo este ambiente astronómico tan maravilloso que nos hace sentirnos nimiedades en la infinidad de la nada… preguntas como ¿porqué la gallina cruzó el camino? O ¿Porqué salpicó el chorrito a la hormiga?

¿Se  han preguntado ustedes eso mientras observan el resplandor de los astros celestes? Yo si.

No se que pedo con la gallina. O sea, para empezar esa broma de orígenes anglosajones es tan insípida como ver a un gringo bailando cumbia, salsa o algo que requiera el ritmo básico aprendido en los bailables escolares de la primaria. Es decir, no tiene razón ni lógica de ser pero a la vez es tan cliché que se han vuelto estereotipos y sinónimos de la incapacidad de alguien en específico de hacer algo por ser contrario a su naturaleza.

Pero bueno, ahondando un poco en la psicología del pollo en la gallina y la pregunta universal de porque cruzó el camino, a mi solo me queda concluir, que si yo fuera la gallina cruzaría el camino simplemente por no seguirlo. Por escandalizar a los caminantes. Por salirme de una ruta que no es mía, que ya estaba ahí. Por crear conflicto en otros. Porque el destino final del camino es conocido y la brecha perpendicular que abro a mi paso no. Uuuuuts que maravilla.

¿Miedo? Si he sentido miedo, es parte de esa naturaleza que es heredada y que me rehuso a aceptar como mía. Por eso el miedo no me controla, no me paraliza, no me preocupa. Porque el miedo me lleva a la razón de las consecuencias lógicas. Es decir, si mi constante es mejorar sera imposible, y comprobadisimo hasta este momento, que si hago las cosas bien voy a obtener resultados negativos.

Y diran ustedes, “Pero es que a veces las cosas no están bajo tu control, están bajo el de alguien más”. Y es ahí donde entra la segunda pregunta, ¿Porqué el chorrito mojó a la hormiga? Porque así es el chorrito. ¿Y es culpa de la hormiga o del chorrito, si la hormiga se expuso a la mojada del chorrito?

Yo por eso no me junto ni con hormigas ni con chorritos. Evitándolos, los dejo que sigan el camino. ¿Yo? yo mejor lo cruzo.