Memorias de un Asesino – 9a Parte

Después de unas merecidas vacaciones (y unas semanas más extras), le seguimos. Vengo renovado, y a las vez me siento tan viejo.

En fin.

Ah si, la novena parte. Creo que estamos cerca del final.

9a Parte – Memoria Fotográfica

La última noche que estuvimos en la playa nos dormimos temprano. No solo no teníamos dinero, si no que, tampoco teníamos ánimos ni fuerza para seguir una noche más en la jarra. Estabamos exhaustos, crudos, desvelados y en la quiebra. En mucho el dormirnos sin salir fue también para escapar en un sueño profundo de nuestra situación y realidad en ese momento. No había suficiente dinero para el regreso y aunque nadie mostró una preocupación notoria, si no más bien risas y comentarios nerviosos, era obvio que estabamos en una situación un tanto apretada. Aun así dormimos… y dormimos.

Al día siguiente, recargados en sueño perdido, las cosas parecían menos piores. Seguíamos sin dinero, pero la preocupación se fue con el cansancio. Aquella preocupación se volvió un valemadrismo aligerado que ya no se sentía como el día anterior.

Subimos las maletas al vocho y entregamos la llave en recepción poco antes del medio día y dejamos nuestro hotel. Las intenciones eran aprovechar ese último día en el resort al menos unas horas, antes de partir. Pero primero había que llenar la barriga.

Manejamos por las calles sin rumbo fijo en realidad. Buscábamos un lugar donde comer que se ajustara a nuestro magro y escueto presupuesto. Y así fue como dimos con un bufet de pizza en alguna parte del malecón. Pagamos tres, comimos cuatro y sin refresco. Nuestros gastos para beáticos aunque mínimos, ya estaban separados del dinero que utlizaríamos para gasolina y casetas, pero aun así no estabamos tan seguros que alcanzaría. Pensamos que de ser necesario alguien de nosotros tendría que hablar a su familia para que nos hicieran un leve prestamo para completar el viaje. Afortunadamente eso no fue necesario, aunque lo consumido en el bufet fue la última comida decente del viaje que pudimos hacer.

En el resort realmente hicimos acto de presencia para sentir que al menos no nos ibamos sin despedirnos. ¿De quién? No sabíamos. De nuestros recuerdos tal vez. Esa última visita fue tan diferente a las pasadas. No había dinero para caguamas, ni para nada más en su defecto, como lo hubo antes en abundancia.

Caminamos por la alberca con una cierta nostalgia en el rostro, pusimos nuestras cosas en un camastro, y bajamos a la playa a despedirnos del mar posando los pies sobre la arena caliente del medio día. Hicimos entre nosotros algunos comentarios sin importancia y para cuando decidimos irnos tiempo después, las cosas que habíamos dejado en el camastro habían desaparecido.

Entre las cosas robadas estaba la cámara fotográfica de 35mm que yo había llevado para el viaje, con un rollo de máxima velocidad de captura y especial para tomas a media y baja luz (recordemos que en aquellos entonces las cámaras no eran digitales). Alguna persona desalmada e inconsciente de lo que significaba aquel film, se robó la bitácora y memoria gráfica del viaje dentro de la cámara contenida.

En alguna parte del mundo, de haberse revelado el rollo, circulan las fotos de cuatro personajes desconocidos, haciendo las cosas más estúpidas que un grupo de jóvenes adultos pueden hacer bajo los efectos del alcohol. En alguna parte, tal vez en Francia, China, o EU, están impresas en papel fotografía las nalgas del Pato asomando por la ventana del cuarto del hotel, la foto de un joven dormido en un vocho, borracho y con la puerta abierta, y que era la imagen mía de aquella noche, previo a la pelea (y motivo de la misma) del Balú con los gringos; la conquista de cada uno, incluyendo a la fresa sonorense que conoció el Pato, y a la treintona queretana obviamente de cuando estuve con ella en cuclillas mar adentro, tomándola por la cintura y escondiendo mi vergüenza de hombre inexperto y torpe. Sin olvidar por supuesto aquella foto de los cuatro en el restaurante, alzando por la cola el esqueleto de pescado que cada quien acababa de comer, el día que dimos en aquel golpe de fortuna, con el generoso cajero automático de banco.

En fin, 36 exposiciones a color de las cosas más absurdas que pudimos capturar de los cuatro en esos días. En ese rollo de cámara están grabadas para siempre las almas de aquellos cuatro muchachos que tuvieron el mundo a sus pies por una semana, y del cual solo les queda un vago y lejano recuerdo, y este relato que lo constata.

Continúa.

10 Responses to “Memorias de un Asesino – 9a Parte”

  1. Memorias de un Asesino – 8va Parte « De Cosas Piores Says:

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  2. Claudia Says:

    ◄3Oooohhhh no!!! Que triste, las pruebas de todo lo ocurrido robadas =(
    Creo que es dificil despedirse cuando se la pasaron tan bien.

    ¿Porque te sientes viejo??? y lo dices como triste. Animo. La edad nos da madurez para disfrutar la vida. Again ¡animo pollito!!!.

  3. KillerPollito '09 Says:

    y ese milagro Clau?

    No no estoy desanimado. Fue un decir. Hacia una comparacion de mis ultimas vacaciones a las de mis memorias. Como pasa el tiempo!

    Tengo una unica foto, que tomamos de regreso en lo mas alto de la sierra con una camara deshechable. Es el unico recuerdo material, ese y el recipiente de LTH donde tomabamos cerveza jajaja

    En fin, que bueno que andas por aca. Un saludin.

  4. Claudia Says:

    KP, en ocasiones se me junta el trabajo, la weba, la vida y otras cosas y ya ni tiempo de andar sonseando en la web.

    Ya entendi, tambien me entra nostalgia por como pasa el tiempo y lo vivido.

    En la ultima parte de la teleserie deberias de publicar la foto, me encantaria verte a ti y a el Champi, el Pato y el Balú. Jajjajajajaja que risa con las anecdotas.

  5. KillerPollito '09 Says:

    Ah pues asi andamos todos pero no tan desaparecidos como tu eh… de hecho me he tardado añales con esta serie que pense que nunca terminaria jajaja no te has perdido de muchos posts desde tu ultima visita.

    La foto ya habia pensado ponerla, al rato se las comparto.

  6. Toño Says:

    Ah, pobre chikano. sin dinero pasa, sin fotos, en que piensan las personas que se roban recuerdos?
    Ya te habias tardado pinchi pollo

  7. KillerPollito '09 Says:

    No les deseo ningun mal. Creo que fue mejor no dejar evidencia del viaje. jajaja

    No me tardo con el desenlace Lic.

  8. Susaniuxxx Says:

    Uchale!! que mala onda con el robo de la camara!!! ¿¿¿será que el destino se cobró lo que el cajero les dio??? así es la vida mi Killer, pero los mejores recuerdos se quedaron en tu memoria, y en este blog😉

  9. KillerPollito '09 Says:

    Asi es Susaniux todo se queda en esta cajita asombrosa que traemos pegada sobre los hombros, para poder recordar la sarta de estupideces que hicimos en nuestro viaje jo jo un saludo🙂

  10. Memorias de un Asesino – 8va Parte « De Cosas Piores Says:

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