Memorias de un Asesino – 8va Parte

Ya no me disculpo por la tardanza. Mejor le sigo.

8va Parte – A la Orilla del Mar

No sé si alguna vez han tenido ese sentimiento de omnipotencia que da el tener el bolsillo bien empacado con billetes. Es como una explosión de sangre y adrenalina al cerebro. Aunque ese mismo sentimiento es tan efímero como el latido del corazón que los bombea, y tan endeblemente peligroso como caminar sobre un puente hecho de palillos dentales.

Salimos del cajero cuando ya no pudimos sacarle más. El Champi sustrajo varios miles de pesos y yo, aunque no fuí tan afortunado, pude obtener una cantidad lo suficientemente grande como para terminar mis vacaciones sin limitaciones de ningún tipo. Basta decir que aquella tarde yo invité la comida, que terminó con una foto de los cuatro alzando por la cola el esqueleto del pescado frito que cada quien acababa de comer, simulando, como en las caricaturas, que sacabamos el pescado entero de la boca ya sin carne en los huesos. Todo era una sola emoción y se nos notaba en nuestra actitud. Si el mundo ya era nuestro previo al encuentro con la caja mágica, ahora estaba a nuestros pies.

Regresamos al hotel y pedimos, no, exigimos al gerente una mejor habitación que el austero y caluroso cuarto de tercera que ocupabamos. Una vez instalados en una de las mejores habitaciones que tenía disponible el hotel, y después de dormir la siesta de la tarde previo al fandango nocturno, nos alistamos para salir, con una actitud llena de confianza y bien respaldada económicamente. La humedad de la noche olía diferente, los colores eran mas brillantes y hasta el vocho se veía renovado. Subimos en él y nos paseamos por el malecón dirigiendonos seguros a uno de los bares más exclusivos y reconocidos del puerto (en realidad era un antrillo cualquiera, pero con billete todo tomaba otras dimensiones).

Llegamos al antro luciendo en nuestras mejores garras y nos dirigimos al cadenero. “Vamos a pedir botella” le dijimos onerosamente para que nos oyeran los que formaban la fila que se alargaba frente a la entrada del bar. El cadenero, cual perro entrenado, rápidamente levantó el gancho de su cadena y nos dejó pasar, informándole al capitán de meseros nuestras intenciones de hacer derroche monetario aquella noche en el bar.

La actitud lo es todo y nuestra actitud se concentraba en una mesa para cuatro con una botella al centro. Esa noche nos sentimos en las miradas de todos y hasta nos dimos el lujo de pendejear a unas lindas chicas que nos preguntaron que como estaban las playas de Chihuahua. Bueno y ¿quién no lo hubiera hecho? (Hasta un niño de primaria sabe que Chihuahua no tiene más playas que las que se encuentran en su desierto que se extiende entre la capital y la frontera al norte) y por eso nos sentimos ofendidos. Las eliminamos de nuestra lista de personas gratas y nos dedicamos con pisto en mano, a tirar rostro en otra dirección castigándolas con el látigo de nuestra indiferencia. Ya vendrían otras.

La velada se pasó muy rapido y cuando menos pensamos ya estabamos de regreso en el hotel en una mezcla de amnesia alcoholizada y euforia.

El Pato conoció esa noche a una chica de Sonora que se volvió su amor de verano aquel verano, y platónico por mucho tiempo. La chicuela le tiraba cajeta al Pato (es decir, lo ninguneaba abiertamente y en su cara, como nosotros lo habíamos hecho con las chicas de “las playas de Chihuahua”), y el Pato como podía, la esquivaba falaz, y muy pero muy enamorado.

Entre las muchas preguntas que ella le formulaba al Pato (para ver que clase de alcurnia poseía) estuvo aquella de “¿En que vienen?”, y acto seguido a la respuesta del Pato vino aquella otra de “¿Vienen en pulga desde Chihuahuuua?”. Léase con acento de aquellos pocos afortunados tocados por dios (con un hierro caliente en la lengua), algo así como la Paulina Rubio, Luismi o su versión región 4, el Roberto Palazuelos.

El Pato para apantallarla le dijo entre otras cosas que la Pulga (o sea mi vocho) en la que viajabamos, era de la compañia del papá de su amigo (o sea yo) y que no la habíamos “robado” para ir a la playa (o sea Mazatlán) y que además pensabamos venderla para regresarnos en avión (o sea, ¿que pedo pasa con mis compas??). No, si ese Pato era todo un actor consumado y con más salidas que el distribuidor vial del periférico del DF. Aunque todo le fue en vano, porque creo que no le pudo sacar ni un apretón de … apretón de manos, eso es.

A mi no me fue menos peor. También esa noche conocí una chicuela queretana que me dijo tener veintiún añitos. Lo cual generó sonora carcajada en mis amigos cuando la vieron, porque según su percepción de la edad, la chica ya le andaba pegando al treintón, al menos. “Nombre, no seas güey -me dijeron- … al menos unos treintayquiúbole”. Pero bueno, para un chamaco calenturiento de dieciocho años la edad era lo menos importante, yo también lo que quería era apretarle las…. las manos.

Al día siguiente que la conocí me invito a la playa de su hotel. Así que le pedí a mis compañeros de viaje y aventura que fueran, y me aventaran a dicho hotel para disfrutar del sol del medio día acompañado de la “treintona”, y que se llevaran el vocho a donde ellos quisieran para regresar más tarde por mi. Pero ¿cómo se iban ellos a perder de tan interesante espectáculo de cortejo febril? Sin que yo me diera cuenta y tomando cierta distancia, el Pato, el Champi, y el Balú me miraban expectantes sentados a la sombra de una palapa en la playa.

Divisé a mi conquista sobre una toalla en la playa, cerca de la escalera que dá a la alberca del hotel. Me acerqué y la saludé nervioso y temeroso de que no me recordara por los excesos (míos) de la noche anterior. Para mi fortuna y orgullo varonil, no fue así. De inmediato me invitó a sentarme y le habló al mesero para que nos llevara algo de la barra. Unos pistos después y ya medio jalaos y en confianza, a aquella mujer de las tres décadas, le dieron unas ganas enormes de meterse al mar, según me dijo. Y yo como lo que quería era apretarle las… manos… pues la invité a darnos un chapuzón en los dominios de Poseidón, no sin antes advertirme que ella nunca aprendió a nadar. Yo ya envalentonado por los alcoholes que nos acababamos de tomar, le dije que no había ningún problema, que yo la iba a cuidar (y hasta le iba a enseñar a nadar)… ingenuo.

Nos metimos al mar y avanzamos un poco, pero mi conquista se acobardó al sentir el movimiento de las olas, y se abrazó firmemente a mí, pidiéndome que regresáramos cerca de la orilla. Sobra decir que su cercanía, sus brazos en mi cuello, lo salado del agua y el calor tropical, provocaron en mi un reflejo involuntario bastante vergonzoso. Entonces sin saber que hacer o como manejar la situación tan incomoda, decidí soltarla de inmediato, pero aquella mujer se aferraba a mi cuello como chango bananero, por temor de ser arrastrada mar adentro. La cosa es que a mi ya no me importaba su seguridad ya que el nivel del agua cerca de la orilla, nos llegaba apenas encima de las rodillas. Lo que yo quería era esconder mi vergüenza, así que intente tranquilizarla y la tomé a distancia sujetándola lejos de mi por la cadera manteniendo esa área de mi cuerpo sumergida en el agua, subiendo y bajando en cuclillas con la marea, mientras las olas iban y venían, tratando de esconder mi naturaleza de hombre.

Una vez que me sentí más relajado y seguro de poder salir de aquel bochornoso suceso, la pedí que regresáramos a la playa, que la sesión de natación había terminado, a lo que ella accedió rápidamente. Y sin esperar más salimos del agua. Mientras nos dirigíamos, yo apenado y ella asustada, hacía la playa pude distinguir a lo lejos a tres individuos que se desternillaban a carcajada abierta en una palapa a la distancia, apuntando en mi dirección e imitándo mis reacciones anteriores mientras intentaba esconder mi… cintura. Si, eran el Pato, el Champi y el Balú que habían cobrado con creces su paciencia y espera.

Me despedí de la treintona apenado y caminé abatido hacía la palapa donde me esperaba una buena y muy, pero muy larga sesión de burlas y comentarios sarcásticos. De hecho, todavía que sale al tema ese viaje en alguna reunión, los tres me recuerdan aquel evento funesto que ocurrió aquel día en la orilla del mar.

Nuestros últimos días de abundancia financiera se fueron, y nos encontramos los cuatro al borde de nuestro regreso, casi sin un quinto en la bolsa. Acudimos al cajero a ver si podíamos exprimirle algo más pero solo nos escupió boletas de balance insuficiente. Era obvio que habíamos derrochado nuestra buena fortuna irresponsablemente. Se acabaron las vacaciones y de igual manera el dinero. Y todavía faltaba el regreso.

Continúa.

29 Responses to “Memorias de un Asesino – 8va Parte”

  1. Memorias de un Asesino – 7a Parte « De Cosas Piores Says:

    […] Cosas Piores « Memorias de un Asesino – 6a Parte Memorias de un Asesino – 8va Parte […]

  2. Lorelay Says:

    jajajaja …que pollito tan pero tan mmm travieso, esa parte no me la sabia jajaja ya te veo…besitos you are so funny moso…ayoo

  3. Walkurian Says:

    Jajajaja ah que pollito tan… apenado! jaja otra otra! oiga mi killer no nos deje tanto tiempo colgaos con la continuación!
    Jaja tocados por dios región 4, jaja me meo de risa… q ojaldras se vieron el pato, el champi y el balú eh? q manchadez!
    Saludos pollo! y besos embarrados de chocolate!

  4. Toño Says:

    Yo pense que solo los hombres sufriamos esa maldicion, ah pero cuando a ellas les da frio!!

  5. El Aza Says:

    JAjaja che pollo jajaja

  6. Cayman Says:

    Jajajajajajaja inche Pollo!! pero mas risa con el Toño jajajajaj “Yo pense que solo los hombres sufriamos esa maldicion”!!! jajajajajajjajajajajajajajaaj

  7. KARLA Says:

    jajajajajaja pero que cosas! jajaja de nuevo los humillantes episodios de niños de primaria y secundaria en traje de baño salieron a flote! auch!! jajaja ay no que risa, que barbaros tus amigos, pero que bueno que no se perdieron detalle de todo el show, es que esas cosas pa recordar de esos viajes son geniales. ay mi chavo, que risa de verdad!
    y las urgencias por apretar manos estuvieron al cien! jajaja es que en el mar pa colmo, aparte que la vida es mas sabroza, los calores se suben a todo lo que da! jajaja esos amores de playa y barra no deben faltar! yyyyy yo quisera ahorita un cajero como esos en mi vida!
    ay no, es que hay mucha tela de donde cortar de esta historia!

    esperamos la siguiente pronto!

  8. Lady Manhattan Says:

    Jajajajajaja, ay que tremendos, pero me quedo con la duda mi estimado KillerPollito……….Fué debut y despedida con la treintona?????

  9. Toño Says:

    Nada… solo busco un lugar abandonado.. donde estar solo y llorar por mi pobre Toluca… que avergonzante derrota…ni siquiera un gris empate como los indios, no, una derrota ante el peor equipo…

  10. KillerPollito '09 Says:

    jajajaja tch… saquese Lic. este lugar aunque de corrientes mansas, no esta abandonado… y menos es un lugar para llorar verguenzas….

    Que decirte Lic. fue algo deshonroso, hasta yo me senti mal… yo la neta me cambiaba de equipo… mira que en el America siempre estan deseosos de recibir a nuevos fanaticos decepcionados Lic., hazte socio aguila… jajajajaja

  11. Toño Says:

    nada de eso, mi equipo es mi equipo, USA es mejor que España? no verdad.
    Una derrota, un descalabro o en este caso un megadescalabro, ya ni pex.

  12. El Aza Says:

    El Equipo que es malo es malo… ni modo licenciao

  13. KillerPollito '09 Says:

    Gente, me disculpo por la falta de programacion, pero me voy de vacaciones a la hermana republica de Uganda, pronto estaremos de regreso para terminar con la saga de su novela en linea favorita, Memorias de un Asesino. Saludos.

  14. Toño Says:

    Ja, de q

  15. Toño Says:

    De quien te burlabas vos!!! le ganamos a los indios lero, lero!!

  16. Guss Says:

    los indios tan acostumbrados a perder x uno o dos, pero perder 7-2 con el america es otra cosa!!! jajaja es algo q nunca se podra olvidar

  17. Susaniuxxx Says:

    Uchale, ya estaba la 8tava parte y yo en babilonia!! jajjajaja tengo la misma pregunta que la Lady, nada más chapoteaste a la orilla del mar con la treintona?? no hubo ni un besito, ni un apretón… de manos? jajjaja
    Y luego, el banco no detectó lo de los dineros???

  18. Toño Says:

    Acostumbrados a perder!! hahahahah perder es perder, pero a las claras se ve que lo del Toluca fue un accidente, doloroso, humillante, pero accidente al fin y al cabo.

    Susanita pos onde andabas!!

  19. KillerPollito '09 Says:

    jajaja mi Susaniux,”nada mas”, como dije era yo un chamaco calenturiento pero muy muy inexperto.

  20. KillerPollito '09 Says:

    Lic. un gol del Toluca?, uno nada mas?… tssss que verguenza. Aparte tenemos el gusto de haberle ganado antes y no solo eso, haberlos dejado fuera de semifinales en el torneo pasado. Un gol, ja!

  21. Susaniuxxx Says:

    Dónde anda usted mi querido Toño?? yo aquí ando leyendo aunque no comente, muchoooossss besitoxxx

    Ira no más Killer, la treintona, debió de pensar que Pollito joven, hacía buen caldo, y pos ni chanca de meterlo a la olla, jajajjajjajja

  22. Toño Says:

    Yo por eso nomas escribo en un blog !

  23. El Aza Says:

    pinchi pollo, no mas abrio otro changarro y olvido la tierra que lo vio nacer…

  24. KillerPollito '09 Says:

    jajajaja no si ya estoy cocinando la siguiente. Aguntenme las carnitas.

  25. Toño Says:

    mmmmtaa

  26. Toño Says:

    Queretaro 3
    Indios 1

    nomas por si no sabías.

  27. KillerPollito '09 Says:

    ¬¬

  28. Claudia Says:

    Jajajajajaja yo tambien quiero saber que paso con el dinero del cajero, ¿se los cobraron??? …………. Aaawww que pollito, se me hace que el miedo de la ‘treintona’ era solo show para poder apretarle …. obvio, que las manos.

    Buenisimo el cuento. Por favor, sigue.

  29. Memorias de un Asesino – 7a Parte « De Cosas Piores Says:

    […] Memorias de un Asesino – 6a Parte Memorias de un Asesino – 8va Parte […]

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