Indignación

Estuve buscando un título correcto para esta publicación. Vienen muchas cosas a mi mente, pero solo un sentimiento, hondo, profundo y amargamente constante me vacía el pecho. Es un sentimiento nuevo porque no recuerdo haberme sentido nunca así. Es una mezcla de tristeza, desesperanza, desilusión, coraje. Creo que es indignación. Si, indignación.

Mi cabeza da tantas vueltas que me mareo. Una tras otras las ideas, los hechos, las imágenes, todas se conjuntan en un pensamiento que se repite. Es un pensamiento de una realidad vívida pero podrida, fétida, agusanada, serosa, gangrenada, indescriptiblemente repulsiva. Parece, insanable, insalvable. 

Hace tan solo unos días, un padre de familia asombrosamente calmado después de haber perdido un hijo de la forma más cobarde, hacía un reclamo. Un empresario lacerado moral y espiritualmente por su pérdida, exigía al gobierno, a las autoridades, soluciones. Alguien levantó la voz y se comprometió abiertamente, y era obviamente a este personaje político a quien principalmente le correspondía atenderlo. Con un tono vacilante y poco firme, esa misma autoridad, anunciaba su compromiso con el lastimado padre de familia, y con la ciudadanía.

En los días venideros se desencadenaron una serie de hechos que aparentan un desenlace inmediato, pero comodo. Un alivio y respuesta a aquel reclamo de un padre, y al que días después se le sumaran miles de voces blancas en las calles, con un clamor al unísono que resonaba en el corazón de todo un país pidiendo un “Ya Basta” a la corrupción, a la ineficacia, a la impunidad, que dan entrada al mayor mal que sufre esta sociedad actualmente: el cáncer de la inseguridad. 

Casi al mismo tiempo del reclamo, autoridades de todos los níveles de gobierno se vanaglorian en la captura de los supuestos responsables. Se les acusa del secuestro y asesinato de un joven, 14 años apenas; casi un niño. Uno a uno los actos de una obra macabra van arrojando al escenario a sus sangrientos protagonistas. El gobierno y sus actores políticos, acompañados orquestadamente por los medios, señalan y encarcelan a los “responsables”. Se les imputan crímenes, se les cuelgan “supuestos”, se les inventa y siembra evidencia, se les declara culpables.

La vieja máquina judicial ha puesto en marcha su pesado armatoste. Sus engranes viejos, enmohecidos, obsoletos, dan lerdas vueltas sin ningún rumbo aplastando lo que se ponga en su vía, como lo hace siempre. Sin destino fijo hace camino que se vuelve a cerrar a su paso. Las pruebas de juicio no tienen peso suficiente, pero la mano que inclina la balanza de la justicia, ha tomado el mando y empuña la palanca de avance del monstruoso vehículo legal, que imprime con fuerza sus huellas por donde pasa. Esas son sus pruebas, y son irrefutables, como es imparable su avance debido a la descomunal inercia que lo sigue llevando sin destino y sin rumbo derribando la razón, la justicia, la ética.  

Una maraña de incongruencias se entretejen. Los dedos de los que acusan siguen señalando responsables, a la vez que se deslindan del juicio. Dejan a la merced del sistema mil y mil veces corrompido y corruptor, comprado y coludido, la responsabilidad del castigo. Lo que le importa a las autoridades es castigar, culpable o inocente, pero castigar. La justicia es lo de menos, si no se hace no importa. Imputación y castigo ciego y voraz, es lo que se busca.

Se quiere el renombre de la autoridad en mando que representa a un partido y no a un pueblo. Se quiere el cuidado de la imagen del candidato para las próximas elecciones. Se busca la hegemonía partidista. Se busca calmar el ardor de las masas. No se busca la justicia.

Ese no es el reclamo que la ciudadanía hacía en sus marchas. Ni es la justicia que aquel padre de familia amancillado pedía frente a los gobernantes de este país. 

Seremos una rueda, un engrane, seremos el volante y el motor del monstruo, si no levantamos la voz de nuevo. Seremos la mano ejecutadora, seremos el refugio del verdadero criminal, si no marchamos en la busqueda de la razón una vez más, si nos volvemos indifirentes, si tenemos miedo, si nos conformamos, si no pedimos ver las pruebas reales de las que habla la autoridad al incriminar a sus culpables, si nos olvidamos que hace tan solo unos días se reclamaba a voz abierta en las calles, no solo el castigo pero la justicia, no las imputaciones pero la verdad. Los culpables merecen todo el peso de la ley. Pero hay que encontrarlos, no crearlos.

Y vuelvo a decirle al que a la sombra de una falsa bandera de justicia solapa al verdadero criminal con su ineficiencia, con sus prácticas corruptas, con sus malos resultados de gobierno, con su desentendimiento, con sus quebrantos. Le vuelvo a decir al que con un cinismo indignante le miente en la cara a la sociedad:

¡Ya Basta!

KillerPollito, Septiembre 12 2008.

3 Responses to “Indignación”

  1. karla Says:

    ay amigo…que decir…la verdad es que coincido con el titulo de esta entrada, indignacion, y estoy de acuerdo tambien con todo lo que expresas.

    ya sabes que aqui el chiste de la justicia es hallar culpables, como sea.
    ……

  2. hortografika Says:

    Creo que muchos estamos indignados, indignados con los hechos… indignados con las consecuencias…

  3. Salvador Says:

    Completamente de acuerdo en el título y en el contenido.
    Sigamos levantando nuestras voces, imprimiendo lentras y no desfallecer, eso evitará que se pierda la memoria y se duerma la gente de nuevo.
    Ser humano y mexicano no debe ser sinónimo de corrupción, indiferencia, negligencia, impotencia, conformismo y muchos etcés. Ya basta!

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