Día del Maestro

Estabamos nerviosos y algo asustados también. Conociamos poco a nuestro maestro pero sabiamos que era disciplinario y rígido. Culpabamos de su aparente amargura al defecto físico que le hacía caminar con una de sus piernas totalmente inflexible, como su carácter, y que le obligaba a usar un zapato de doble o triple suela. Tenía una pierna mas corta que la otra. -Recibió un balazo en la rodilla cuando niño. Sentado en el mostrador de la tienda de abarrotes, esperaba a que lo despacharan y fué cuando entraron a asaltar la tienda.- Nos dijo un alumno del segundo grado de la escuela secundaria a la que asistía, para querer impresionar a los inmaduros niños del primer año que acaban de iniciarse en los estudios de educación secundaria hacía apenas un mes y que por su corta edad todo relato daban por cierto.

El timbre sonó fuertemente dando fin a las pláticas especulatorias de los morbosos niños de segundo que ya caminaban rumbo a su salón. Aquella chicharra acababa de anunciarnos la reanudación de las clases después de uno de los dos recesos a los que teniamos derecho durante las horas de clase.  Esperabamos desde hacía unos minutos con ansia a nuestro maestro en la puerta de lo que era “su salón de clase”. La dirección de la escuela había acondicionado el salón audiovisual como el salón de clases de nuestro profesor de matemáticas debido a su limitación física. No podía ir de salón en salón cada 50 minutos como el resto de los maestros. Así que el audiovisual era el salón del “Tacho”, que era como le apodabamos sus alumnos, basando el mote en el primer nombre de nuestro distinguido profesor de álgebra. Cuidando de que nunca nos oyera, lo calificabamos de mil maneras usando los más ingeniosos epítetos. El dólar, porque subía y bajaba (al caminar), el nunca-me-verás-descalzo, por el exagerado ancho de su suela. En fin, se nos iban los recesos inventando apodos para nuestros maestros como lo hace cualquier chaval cuando descubre que tiene la habilidad de ser naturalmente irreverente a cierta edad.

La ansiedad se acrecentó enormemente al verlo salir de la prefectura con la abultada carpeta bajo el brazo y la cual asomaba entre sus pastas, los bordes afilados de las hojas de exámenes ya calificados. Mi nombre estaba en uno de esos exámenes. Era la primera vez en mi vida que sabía que existían los planos cartesianos y que se median en función de variables. Que es posible avanzar en dos dimensiones en un plano y que se podía localizar un punto en la gráfica y señalarlo con cirujana exactitud sabiendo los valores que se dan como coordenadas. Y esa fué mi introducción al algebra según la recuerdo. Yo en realidad solo veía numeros acompañados por las dos últimas letras del abecedario, pero no entendía absolutamente nada de lo que aquel personaje con turbante y de orígenes árabes atesoraba con celosa mirada detras de la dura  pasta de ese tan afamado y temido libro de algebra de autor cubano. Era la primera vez que veía un libro más grueso que la biblia de mi abuela que de igual manera me estremecía, no por su extensión si no por sus conclusiones apocalípticas y confusas.   

A paso lento, que era su paso más rápido, entró el profesor al salón detrás de nosotros y cerró la puerta a su vez detras de si mismo poniedo el seguro en la chapa. Este mal augurio anunciaba sin decir palabra alguna que se avecinaba un negro nubarrón en aquel espacio educativo y que llevaría al naufragio a más de uno de sus alumnos aún y se aferraran a su banca, como se aferra el capitan al timón de su barco al saber resignado que invariablemente y aunque mucho se pida al cielo clemencia, la nave se ira a pique por la tormenta. Así de fatalista se es a esa edad. El más pequeño de los problemas sobre todo académicos, parece insuperable. El maestro siguió avanzando abalanzandose de un lado a otro con rumbo a su escritorio. Su boca dibujaba una amplia sonrisa mientras saludaba a su clase de niños jugando a ser jovenes adultos -“Buenas Tardes Profesor” dijimos todos contestando a su saludo, mientras la respuesta al unisono traicionaba todavía a uno que otro de los alumnos al escapársele un intempestivo “gallo” propio de la pubertad que a veces se presenta precoz. Dejó su portafolio de piel sobre el escritorio, y sobre el mismo escritorio dejaba caer sonoramente  aquella pesada carpeta para agregarle más drama a la situación, que ya de por si era tensa. 

-Aquí están sus exámenes jóvenes.  ¿Quieren saber cual fue el promedio del grupo o se los entrego asi nada más sin mayores preámbulos?
-No no, denos el promedio profe -coreamos algunos todavía tratando de postergar la realidad que se asomaba próxima, aunque de igual manera alargáramos el sufrimiento en la espera.
-Pues el promedio en principio, temo decirles no es aprobatorio. Pero por muy muy poco. Lo cual quiere decir que muchos reprobaron el examen. Casi todo el grupo.- Agregó sin quitar la sonrisa de su boca. 

Aquella noticia daba esperanza todavia a algunos de haber alcanzado una calificacion mayor al 6. La pregunta era ¿Quienes son esos afortunados? Era fácil adivinar que en aquel momento todos suplicabamos mentalmente pidiendo de favor, estar entre los aprobados, “Por favor, por favor, por favor….” Aunque muchos a su vez aceptaban cínicamente que les había ido muy mal en el examen para haberlo pasado con calificación satisfactoria.

-¿Quieren que entregue los exámenes por orden alfabético, o primero a los aprobado y después a los reprobados o viceversa? ¿O de plano nos vamos como vayan saliendo?- Nos preguntó, con el mismo tono malicioso que usa un verdugo al darle a escoger el arma al condenado con la cual sera ultimado. Por lo menos había opciones y todos coincidimos. -Como salgan profe, como salgan!- Y nombrando con voz potente el apellido del primer alumno que aparecía encima de todos los demás examenes, dió comienzo a aquel suplicio. -Fernández- Y hacía una breve pausa entre apellido y apellido. -Martínez… Aguilera…- Uno a uno iban pasando a recoger su examen el cual les era entregado semidoblado y sin mostrar la calificación queriendole causar todavía mas expectación a los que llamaba. Unos miraban rápidamente su calificación en cuanto el examen tocaba sus manos, otros se esperaban a llegar a sus bancas y sentarse. Pero la gran mayoría, como ya nos lo habian anticipado, se llevaron las manos al rostro o gesticulaban expresiones de derrota y suspiro al ver aquel número en la primera hoja de su examen y que estaba circundado por una marca roja. Y así con este procedimiento cruel, característico de un rastro, llegó mi turno -Rodríguez… Casas… KillerPollito…- Yo fuí de los que esperó a estar sentado para enfrentar la realidad. Pero mi espera y mi paciencia en nada me beneficiaron. Había reprobado mi primer examen de álgebra en mi primer año de secundaria. Ni yo mismo lo anticipaba un par de meses atrás.

El maestro se levantó de su escritorio al terminar de entregar los exámenes. Por primera vez borraba la sonrisa de su rostro para regañarnos. -¿Que pasó jovenes? Yo esperaba más de ustedes.- Nos dió un pequeño sermón acerca de las bondades de las matemáticas y sus proceso lógicos, aunque siempre haciendo énfasis en la desilusión que le causabamos por haber reprobado y continuó, -Es una tristeza y me parece increible que la mayoría haya reprobado un examen de álgebra tan sencillo como este. Entiendo que el álgebra sea una materia nueva para ustedes pero hay que estudiar- nos dijo al mismo tiempo que dibujaba otra vez aquella sonrisa, pero ahora con una expresion de misericordia en sus ojos y haciendo que aquellas palabras nos devolvieron la esperanza por el timbre de su voz que se ablandaba. Con unas últimas palabras de aliento y motivación nos dejaba entrever lo que nosotros pensamos eran sus intenciones de darnos una segunda oportunidad, -No se preocupen- y concluyó con la frase más aleccionadora que alguien jamás me haya dicho para entender mi realidad y que me hizo pasar de niño a joven de un solo tajo: “Alguien tiene que vender los chicles en los estadios”. Se dió media vuelta, se sentó en su escritorio y nos dió indicaciones de sacar aquel grueso libro antes mencionado y que aportaba la mitad del peso de nuestra mochila y por mucho otro gran peso a nuestra mente. Nunca más volví a reprobar otro exámen de matemáticas.

Hay profesores que me han enseñado una cantidad innumerable de teorías y leyes universales de las ciencias en las cuales se basa el funcionamiento, la razón y el análisis de todo lo que nos rodea. Sin embargo, no creo recordarlas de momento, ni cuales son, o como se implementan. Hay otros, que sin fórmulas y sin hipótesis de ningún tipo, me enseñaron lecciones de vida que nunca olvido y hasta la fecha sigo aplicando. Esos son mis maestros.

9 Responses to “Día del Maestro”

  1. La DFctuosa Says:

    Ahora si que te extendiste como la verdolaga Killer🙂

    Fijate que mi mamà siempre aplicaba esa frase cuando alguno de nosotros no queria estudiar o reprobaba algun examen…..siempre nos decia: “Ni modo mi’jito, no quieres estudiar? no te preocupes te puedo dar tu cajita de chicles para que los vendas afuera del metro”. Obviamente nunca lo hacia pero era un arma muy efectiva para presionar al infante en turno para que se aplicara🙂

    Yo tengo muy buenos recuerdos de mis maestros, pero del que siempre me acuerdo es de uno de la superior (Viejito viejito y flaquito flaquito). El era mi maestro de laboratorio de Fisica y en una ocasion nos toco hacer una practica con unos balines de metal (bastante pesaditos por cierto)….en esas estabamos cuando de repente se nos cayeron 2 al suelo y ya sabras, ahi voy de acomedida a recoger los balines y me dice un compañero: avientamelos!!

    El primer balin lo cacho sin problema, pero al aventar el segundo balin que se me atraviesa el maestro y zacatelas!!!! en la mera tatema le di al pobre jajaja, ya nada mas se sobaba su cabecita y cerraba los ojitos. Cuando salimos de la clase me dice: ay que barbara usted me quiere matar!🙂

    ay pobre…senti feo pero me cae que no fue mi intencion!!!😄

  2. Karla Says:

    amigo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    no sabes como me has hecho reír y sonreir! Y AÑORAR AQUELLOS TIEMPOS CUANDO TENIA 12,13 Y 14 AÑOS!!!!!! AUCH!
    Recordar al profesor Epitacio es realmente remontarme a la imagen de uno de los maestros más destacados, entregados, y preocupados por la enseñanza y formacióon de niñitos de secundaria.

    La verdad es que me daba pavor entrar a su clase por que nunca me he considerado una persona apta para las matemáticas, para desarrollarlas, para concentrarme…(jajaja siempre estaba pensando en los niños, y en el macizo…jaja te acuerdas! )…y me daba miedisimo entrar al audiovisual, bajar las escaleritas y que me dijera que subiera para resolver problemas. El libro de Baldor me hacia temblar, pero peor era cuando regresabamos a clases despues de las 5 pm y estabamos en segundo grado, y empezaba a hablar de todo, menos de matemáticas. Recuerdo que siempre reprobaba los exámenes, creo que la calificación más alta llegó a se un siete, ya que siempre andaba en los cincos, tres, seis…una vez obtuve un uno…y me daba pena preguntarle a mis compañeros, por ejemplo a ti, porque sentía que me tildarian de idiota! si! ¿Cómo era posible que no entendiera si todo lo hacia una calculadora ? !!!!! Llegue hasta los extraordinarios, bien lo recuerdo…..

    y tambien recuerdo que…

    ¿¿Te acuerdas que él estaba siempre sermoneando acerca de las parejitas que se iban a las gradas y de lo que pasaba en ellas, así como en los jardincitos escondidos detrás de los talleres de electrónica e informàtica??…y me daba mucho coraje y entre dientes decia cuanta mala palabra pudiese hilar en mi mente (las cuales, sinceramente, eran demasiado pocas) y lo odiaba. Me sentía ridiculizada cuando hacia esa clase de comentarios, y más por que algunas de las veces si fueron dirigidas a mi persona.

    Pero apenas años después comprendí que su afan no era ridiculizarnos, ni mucho menos, sino educarnos y alertarnos de lo que un simple beso “apasionado” podía conducirnos al dejarnos llevar por nuestras hormonas que estaban burbujeantes y alborotadas con tanto cambio.

    Lo recuerdo como una persona altamente dedicada, entregada, de los pocos maestros que de verdad se interesan por ti, porque seas una persona de bien, porque tus valores e ideales te lleven a construir tu vida de la manera más extraordinaria.

    Años despues, por ejemplo en bachillerato, llegue a pasar por la secundaria, y de lejos lo alcance a mirar…y la verdad, lo recorde con mucho cariño, por comprender lo que con sus clases, su caminar, su voz, y su sentido estricto nos trato de inculcar.

    Gracias por remontarme a aquellos maravillosos años!

  3. Karla Says:

    la entrada del dìa de hoy creo que para mi ya seria la lagrimita de oro…jajaja pero aun tengo mis favoritos!

  4. KillerPollito Says:

    uuuy las que se extendieron como la verdolaga fueron ustedes jajaja la mata-maestros te apodaremos ahora DFctuosa.

    Pues si Karla ese maestro me enseño con simples reflexiones lecciones de vida. Mi mejor maestro por mucho de todos mis niveles de estudio.

  5. Lidia Says:

    Ay DFectuosa que me hizo reir jajjaa pobres maestros, lo que tienen que aguantar, hasta que los descalabren!

    De estudiantes pubertos solemos ser extremadamente crueles con los profes, los apodos mas inimaginables se los llevan los de las materias mas terrorificas, como matemáticas, fisica, etc.
    Yo los dibujaba, hacia unas caricaturas horrorosas pero bastante parecidas. En la secu teniamos una que le decian la Vaca Morada, no se ni porque.
    Me acuerdo mucho de un yucateco que nos daba Quimica… ah como lo odiaba todo el mundo, una vez una maestra de Dibujo, rubia ella toda linda nos aclaro que no le dijeramos feo al profe chan, que era de raza pura, como los chau chau o los doberman! Hazme el favor, nosotros eramos asi como perros electricos, pero el profe chan era de raza pura y eso era cuestion de orgullo… En fin, creo que la maestra no lo ayudo mucho.
    Tengo tambien mil historias de maestros, y a muchos de ellos los recuerdo con mucho cariño, y ya ahora mas vieja creo que los admiro mucho mas por esa vocacion tan buena de enseñar, soportar a jovenes y seguir ahi, al pie del cañon inyectandole toda la pasion a las cosas que casi nadie quiere aprender.
    Gracias profes!!!!
    Y cuando sea presidenta de Mexico lo primero que voy a hacer es una reforma salarial para medicos y maestros, he dicho!

  6. Susaniux Says:

    jajajjaj La Mata-Mayestros, jajjajaja

    Pues yo los mejores maestros de mi vida los tuve en la secundaria, todos eran excelentes, pero habia uno Gadea de mate, que era extraordinario.

    uy, que tiempos aquellos, lo que es mas, mi sueño mas recurente es, que se me hace tarde para llegar a la secundaria, y es que si fueron los años maravilosos, me senti Kevin Arnold.

    Otro post nominado para el Lagrimita de Oro.

  7. La Gallina Says:

    mmmm Killer Yo crei que habias escrito, sobre tu maestra de primer año quien te enseño las primeras letras…….jajajja

  8. corina Says:

    hola
    Que bonito escribes, me regrese literalmente a quellos tiempos, con mi uniforme y mis utiles, y la verdad es un maestro que me dejo muchas enseñanza, repase las bancas y recorde a cada uno de ustedes claro que se me paso uno que otro, pero lo recuerdo bien, gracias por compartir esto con todos nosotros.

    solo me queda agradecerte por estos recuerdo

    haber si te acuerdas de mi Corina Alonso

  9. KillerPollito Says:

    Claro Corina que me acuerdo… gracias por tus comentarios, pues la Canica me enseño tambien la oratoria, algo se aprende tambien de eso jajaja … gracias por tu visita, por aqui nos seguimos leyendo, espero. Saludos.

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